Debate sobre la cientificidad del marxismo

11 enero 2020
Rebelión

El marxismo es una ciencia (I)
Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento y Luis Eustáquio Soares

Arrojamos por la borda una herramienta fundamental cuando rechazamos el marxismo, y más cuando no aceptamos que el marxismo es: la ciencia de las humanidades. ¿Y por qué no aceptamos que el marxismo sea la ciencia de las humanidades? Por diversas razones, pero la principal de ellas es el revisionismo teórico y con él las calumnias y descalificaciones realizadas contra el marxismo e intensificadas después de la II GM, en el contexto de la guerra fría yanqui contra el socialismo —guerra que debe ser definida como una verdadera cruzada imperialista contra los países socialistas como URSS y China y, específicamente, contra el marxismo; y que, más allá, en palabras de Juan Carlos Monedero, fue en realidad la III GM, o la II Guerra Interimperialista pues terminó dejando más muertos que las otras dos GM (1): no la III GM que se anuncia con el conflicto entre EEUU e Irán por el asesinato alevoso, con drones en el aeropuerto de Bagdad, del líder iraní Qasem Soleimani y nueve personas más. (2) Lo que ya ha generado la reacción militar de Irán en suelo iraquí. (3)

Al respecto, tres ejemplos teóricos. Michel Foucault termina su libro Las palabras y las cosas (1966), sobre el cambio de discurso a través del tiempo, que lo proyecta al mundo, asociando los países socialistas del periodo a la continuidad del Tercer Reich. Theodor Adorno, a su vez, finaliza su obra Dialéctica negativa (no por azar publicada el mismo año que Las palabras y las cosas) asociando los países socialistas a la continuidad de Auschwitz, en la presuposición de que los países socialistas fuesen la continuidad de los campos de concentración nazis. Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarismo (1951), siguiendo incluso los pasos de Trotsky (sin citarlo) comparará a Hitler con Stalin, para concluir, “brillantemente”, para la crítica occidental sionista/yanqui, que ambos fueron totalitaristas.

Estas tres obras constituyen un momento importantísimo para situar el revisionismo teórico de la guerra fría yanqui contra el socialismo y el marxismo y son, en la asociación que hicieron del socialismo con el Tercer Reich, un fraude completo; pura mal fe teórica y una verdadera falsificación de la historia real y, por extensión, del periodo revolucionario del siglo XIX y de la primera mitad del XX; periodo que posibilitó la emergencia de las primeras experiencias socialistas de la modernidad capitalista. Todo ello, aún a despecho de grandes obras literarias como Vida y destino, de Vasili Grossman, novela en la que Stalin figura como “dictador” y en la que se describe el enfrentamiento de dos regímenes totalitarios, el alemán y el ruso, a partir de la batalla de Stalingrado, absteniéndose, de paso, de glorificar al sistema soviético para subrayar las peripecias de algunos sujetos en concreto y por contraste, a diferencia del realismo socialista, ocultar el protagonismo clave de “las masas”. (4)

No hay que olvidar aquí que, en la década de 1980, la CIA “estudiaba”, entre otros, a intelectuales como el ya citado Michel Foucault, a Jean-Paul Sartre (5) y ya en la década del 50 a George Orwell, de quien terminó desvirtuando su novela 1984, como “distópica” o sea “un mal lugar”, contrario a utopía o “el lugar ideal” donde todo funciona perfecto, y una sociedad ficticia indeseable en sí misma en lo que, a partir de la década del 80 del siglo XX, fue asunto crucial de una nueva ola de “libros juveniles”, eufemismo para reducir/desvirtuar la figura de autores como Jack London, en el mundo anglosajón, o José María Vargas Vila o Rafael Pombo, en el ámbito colombiano: es decir, lo que no es 1984 ni, mucho menos, Orwell, de quien se terminó regando el chisme de que hacía parte de los manejos clandestinos que la CIA hizo de la cultura, inicialmente entre 1951 y 76, pero que, hacia la década de 1980, devino una forma descarada de controlarla a favor de la paranoia comunista/socialista y marxista de EEUU. Hecho reflejado, ahora sí brillantemente, por la estadounidense Frances Stonor Saunders en su libro Who Paid the Piper?: The CIA and the Cultural Cold War o ¿Quién pagó al gaitero?: La CIA y la Guerra Fría Cultural (Londres, Granta Books). (6) Más allá de estas obras y autores, muchas otras (incluso de los mismos autores) fueron revisionistas y tuvieron como foco la descalificación del marxismo y del llamado socialismo real. Fueron, por lo tanto, partes de la cruzada imperialista contra la memoria histórica de las luchas de clases protagonizadas por los trabajadores en muchas partes del planeta.

Ninguno de esos autores (a no ser uno u otro, de forma sutil, no incisiva) ha criticado para siempre a EEUU: a ello ha contribuido, todo hay que decirlo, la manipulación mediática y el control cultural por parte del emporio periodístico dirigido por el sionista de origen alemán Jacob Rothschild, quien controla el 96% de la prensa mundial; ningún autor osó asociar el imperialismo yanqui al Tercer Reich. Y tenían muchos motivos para hacerlo, incluso porque Europa estaba totalmente sometida a EEUU en dicho periodo y aún lo está; y después de la II GM la CIA protagonizó una verdadera caza de brujas, luego de la llevada a cabo en los propios EEUU por el Comité de Actividades Antipatrióticas, contra marxismo y socialismo, al interior de Europa, incluso realizando atentados para matar marxistas y, además de todo ello, culparlos. A propósito, se invita a descubrir las pesquisas del historiador suizo Daniele Ganser sobre la Operación Gladio y podrá llegarse a conclusiones que sorprenden. (7)

Entre los antecedentes de la Gladio está la historia de los ejércitos secretos de la OTAN y de la agencia informativa Aginter Press (brazo portugués de la Gladio), dirigida por el capitán Yves Guerian-Serac, católico de racamandaca, arrecho anticomunista reclutado por la CIA y ex oficial francés que vivió la derrota de su país ante el Tercer Reich en la II GM. Hizo parte, también, de las Guerra de Indochina (1946/54), Corea (1950/53) y Argelia (1954/62), como miembro de la célebre XI Semibrigada Paracaidista de Choque, unidad que hacía el trabajo sucio bajo la directriz de la SDECE, Servicio de Inteligencia Francés, a su turno vinculado con la red Stay-Behind, conocida en Francia como Rose des Vents o Rosa de los Vientos. (8) En 1961, Guerian-Serac (con otros oficiales, entre ellos Trinquin y Aussaresses) del XI Regimiento de Choque, había fundado la Organisation de l’Armée Secret u Organización del Ejército Secreto (OAS), que pugnó por mantener a Argelia bajo el dominio francés e intentó derrocar a De Gaulle a fin de instaurar en Francia una dictadura anticomunista.

Luego, los generales Trinquin y Aussaresses, serían “exportados” a América Latina, específicamente a Argentina, durante la dictadura de Videla y sus secuaces (1976/83), para ayudarlo en su tarea de exterminio de todo posible foco de subversión/disidencia y en concreto de grupos como Montoneros, ERP, Tupamaros y MIR, los dos primeros en Argentina, el tercero en el Uruguay tiránico de Bordaberry (1972/85) y el cuarto en el Chile de Pinochet, a quien el sionista Kissinger fue el primero en “recomendarle” el Plan Cóndor, no sin antes provocar el exterminio del partido de oposición más fuerte del país, bajo la siniestra/ultradiestra, jejeje, figura de la “pugna interna”: loca figura según la cual, más de 140 integrantes del MIR chileno se liquidaron entre sí, algo muy parecido a los “suicidas”, en realidad suicidados, durante la Dictadura Brasileña (1964/85) o “El día que duró 21 años”. Luego, la Operación Cóndor se extendería a Brasil, junto con otras dos, Brother Sam y Popeye, destinadas por los yanquis a tomarse el país, desde diversos puntos de la geografía.

Estas cruzadas imperialistas contra el marxismo y el socialismo, que se multiplicó en todos los frentes (económico, financiero, mediático, teórico, cultural, bélico), llevó, en el curso del tiempo, a la situación actual y a la constatación fraudulenta de que el marxismo es autoritario, eurocéntrico, machista y tantas babosadas dichas por personas que, simplemente, no conocen el marxismo y replican como loros las calumnias de detractores financiados directa o indirectamente para descalificar, cual torpes fanáticos, al marxismo y al socialismo real.

Una de las categorías científicas del marxismo es el materialismo histórico/dialéctico, cuya premisa reza, en modo laico, jejeje: es preciso, siempre, contextualizar la lucha de clases. Es en este sentido que el marxismo no es una doctrina o un dogma fijo, en el tiempo ni en el espacio, y tampoco una teoría europea. Es por eso que los marxistas africanos produjeron ciencia marxista contextualizada dentro de la realidad africana; y así el marxismo latinoamericano y asiático. En tal sentido, uno de los dirigentes más destacados, dentro del caso africano, es, sin duda, Thomas Sankara (1949-1987), llamado, con justicia, el Che africano, que no por haber sido milico, en modo capitán, tuvo problema alguno para ser revolucionario comunista, teórico del panafricanismo y, ahora sí con muchos problemas, ajenos a él y, por supuesto, orquestados desde el exterior, presidente de su país (1983/87). Si se le estudia con cuidado, podrá verse que Sankara produjo ciencia marxista imposible de descontextualizar no solo de la realidad del ex Alto Volta, colonia francesa, luego rebautizada por él Burkina Faso, “la tierra de los hombres íntegros”, sino del África en general, por cuanto su política interna se basó en priorizar la producción nacional para bloquear, al estilo Gandhi, los productos importados, mientras su política exterior se centró en el antiimperialismo y, ante todo, en negarse a pagar la deuda externa, como lo dejó en claro la última vez que estuvo en la Asamblea General de la ONU, el 4/oct/1984: “No sé si vuelva otra vez por acá”.

Tres años después, en la Conferencia de Países Africanos, en Addis Abeba, Etiopía, en jul/1987, dijo: “Me gustaría que nuestra conferencia adoptara la necesidad de decir claramente que no podemos pagar la deuda. No con un espíritu belicista. Sino para evitar que nos vayan a asesinar individualmente. Si Burkina Faso solo se niega a pagar la deuda, no estaré en la próxima conferencia…” (9) En efecto, solo tres meses después, caía a manos de la dupla criminal franco-gringa encabezada por Jacques Chirac y François Mitterrand y por el milico Charles Taylor, ex dictador, vía USA, de Liberia y, cómo no, por el casi hermano y se supone mejor amigo de Thomas, Blaise Compaoré, quien se encargó de hacer lo mismo que hizo Mobutu Sese Seko con Patrice Lumumba: darle los tiros de (des)gracia, a nombre del imperio, en simultánea, europeo/gringo, pero sin que quedaran huellas de ello. Así, el 15/oct/1987 fue asesinado, junto a doce de sus más estrechos colaboradores, mediante el tradicional hecho imperialista/clandestino: golpe de Estado. Asesinato apenas develado hace pocos años por el cineasta italiano Silvestro Montanaro en el documental Thomas Sankara – “… y aquel día mataron a la felicidad”. (10) En efecto, la de un pueblo. La felicidad que un desgraciado como Compaoré transformó en tristeza/vergüenza/indignidad, durante los próximos 27 años, hasta que en 2014 salió del Poder, para ser reemplazado por otro bandido.

No obstante, en 2015, autoridades de Burkina Faso acusaron formalmente a quien desde 1987 se le consideró una de las fichas clave en el crimen de Thomas Sankara: el general Gilbert Diendèré, quien en septiembre de ese año encabezó un fallido golpe de Estado y al que siempre se ha considerado uno de los cabecillas del magnicidio del Che de África. Mientras tanto, la guardia presidencial fiel al expresidente Blaise Compaoré, organizaba una revuelta con el objetivo de perpetuar en el Poder al Ancien Régime y así tener una amnistía para los criminales que aterrorizaron a los burkinabè durante las décadas de 1980 y 1990. (11) A la extrema derecha, que siempre está haciendo cuentas alegres sobre quienes son tildados, peyorativamente “de izquierda”, se le informa que cuando Sankara lo dirigió, Burkina Faso llegó a ser uno de los países más ricos y autosostenibles de África. Hoy, ocupa el puesto 181, entre 187, en términos de desarrollo humano y su PIB es uno de los más bajos del mundo.

Quienes replican esas calumnias contra los marxistas, por defender africanos, asiáticos y latinoamericanos (hay campos teóricos para eso) simplemente desconocen el marxismo africano, asiático y latinoamericano. ¿Qué nombre se da a esto? ¿Rigor académico? ¿O, por contraste, desgreño intelectual/político/administrativo de típico cuño imperialista? ¿O el resultado de la sempiterna nociva/perversa alianza Universidad/Statu Quo? ¿O el reflejo de la imposición imperialista sobre una educación cada vez más acrítica e irreflexiva? Sin duda. En conclusión, si se quiere recuperar el terreno perdido por la aventura esquizofrénica del Indiana Jones imperialista/sionista/gringo, la Humanidad habrá de seguir levantada en almas y en armas, haciendo del marxismo, sin prisa, pero sin pausa, una ciencia cada vez más cierta, sólida y cimentada en las humanidades; y de la U., lo que siempre fue: un centro del pensamiento complejo, de la universalidad y de reflexión/disensión y crítica, sin concesiones.

Notas y referencias:

(1) Monedero, Juan Carlos. El gobierno de las palabras – De la crisis de legitimidad a la trampa de la gobernanza. UPN, Bogotá, 2005. 153 pp.

(2) https://revistaopera.com.br/2020/01/05/o-assassinato-de-soleimani-ee-o-futuro-do-conflito/?fbclid=IwAR2mp0IY5xNOgtoRyM637K3dDELr55dYhkx2gELkjldCkbAclo8NK3wbsJI

(3) https://elpais.com/internacional/2020/01/08/actualidad/1578440858_600831.html

(4) Grossman, Vasili. Vida y destino. Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores. Barcelona, 2007, 1.111 pp.

(5) https://elpais.com/cultura/2017/04/29/actualidad/1493486222_329449.html?fbclid=IwAR3eMdsY545ywag4F6MvyAenTeMnvu1___ITPn3NYrddfGqxSP5gbpxI0to

(6) https://www.nodo50.org/cubasigloXXI/b2-img/saunders_la_cia_y_la_guerra_fria_cultural.pdf

(7) file:///C:/Users/Santiago/Downloads/Dialnet-DanieleGanserLosEjercitosSecretosDeLaOTANLaOperaci-6237962.pdf

(8) https://www.voltairenet.org/article170116.html

(9) https://www.youtube.com/watch?v=OzHYwQdLg4M&t=142s

http://www.onunoticias.mx/30-anos-fue-asesinado-thomas-sankara-lider-burkina-faso-encarno-sueno-la-emancipacion-panafricana/

(10) https://www.youtube.com/watch?v=dixnDxiiwQU&t=784s

(11) https://www.abc.es/internacional/abci-nuevas-luces-muerte-guevara-africa-201512081843_noticia.html
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13 enero 2020
Rebelión

El marxismo es la ciencia de las humanidades (y II)
Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento y Luis Eustáquio Soares

1. El marxismo es la ciencia de la posibilidad de la ciencia para todos

El médico puede errar un diagnóstico. Puede actuar de mala fe, al inventar enfermedades con fin de lucro. Esto ocurre, sobre todo, porque la salud en el capitalismo es una mercancía y, como tal, necesita ser manipulada, debilitada y enferma, para obtener ganancias. La medicina mercantil, nunca puede prescindir de la enfermedad puesto que se beneficia de ella. Entre la vida y la muerte, ella prefiere el término medio, ni plenamente vivo, ni plenamente muerto, porque vida plena o muerte plena no traen ganancia. Y sin ganancia pues no hay salud, dice el capitalismo, ese sistema parásito que hoy vive de vomitar porquería sobre la gente.

A pesar de todo esto, nadie en sano juicio acusaría a la medicina de ser autoritaria por detectar un cáncer en una persona. Nadie, mínimamente lúcido, cuestionaría la importancia de la relación entre verdad y objetividad, para el diagnóstico de enfermedades y su tratamiento. Nadie querría un cuidado médico subjetivo. Todos aceptamos que la medicina es una ciencia impersonal y universal. No cuestionamos su estatuto científico ni, en consecuencia, la autoridad del médico como su representante profesional. Aceptamos tácitamente el diktat de las transnacionales de las drogas, junto a las guerras producidas por EEUU, quizás el mayor verdugo de la Humanidad en el presente y tal vez por los próximos 50 años: sin importar, incluso, que en un siglo la cantinela se haya repetido por la otra mitad de ese lapso.

¿Por qué, en el campo de las humanidades, una ciencia ontopositiva, sin ser positivista, que objetive la totalidad dinámica del ser social, de forma impersonal y verdadera, suena como improbable, absurda, autoritaria e incluso ridícula? Solo hay una respuesta para esta cuestión: por motivos ideológicos y por procesos de alienación que pueden y deben ser descritos de forma científica, objetivamente, pues, independientemente de lo que pensamos, la realidad histórica humana existe y puede/debe ser descrita científicamente, como una verdad universalmente válida en sí misma. Aunque, claro, muchas veces la historia no la escriban los hombres, salvo en sus páginas negras, y/o esté moldeada muchas veces por imponderables: los que no necesariamente, se aclara, tienen una base religiosa, como muchos ingenuos creen al creer, pero olvidan algo: “La fe es una creencia en la falta de evidencias”, como señalaba el siempre lúcido Carl Sagan, ser que siempre conservó la fe, más en los ateos que en los (ingenuos) creyentes, muchas veces incapaces de creer siquiera en lo que creen.

Si fuese posible retirar de nuestros ojos las cortinas de humo ideológicas, desalienándonos, seríamos nosotros mismos los científicos de las humanidades, puesto que somos, al mismo tiempo, el objeto y el sujeto de la historia: bueno, no siempre el hombre es objeto/sujeto de la historia en simultánea, aunque quizás sea lo más sano presentarlo de ese modo, para no alborotar el avispero del Sistema-(in)Mundo capitalista, con sus sectas evangélicas/pentecostales que ponen/deponen presidentes por doquier, salvo cuando se trata de poner/deponer presidentes que no sean de su órbita alienada/corrupta/podrida. Desalienados, de forma impersonal y universal, objetivaríamos las relaciones sociales que establecemos y vivimos; y las designaríamos sin recelos, con precisión y universalidad; como son y no como suponemos que sea, de manera prejuiciosa, en el doble sentido del término.

¿Y por qué, todos, sin excepción, somos alienados? ¿Por qué no somos todos los científicos de la sociedad en que vivimos, si lo que está en juego es siempre nuestra propia supervivencia y nuestra propia vida? Porque vivimos en una sociedad escindida, marcada estructuralmente por la polaridad entre opresores y oprimidos. En ese sentido, una ciencia de las humanidades, de la sociedad, debe al mismo tiempo proporcionar las categorías universales y objetivas que expliquen la alienación humana, presentando el “diagnóstico” preciso para la desalienación individual y colectiva. Pero, ese diagnóstico nadie lo va a dar gratis, hay que establecerlo.

Esa ciencia de las humanidades existe. Es el marxismo y como cualquier ciencia que se respete, es desafiada a ser objetiva, universalmente válida. Su objetivo es la sociedad en que vivimos, históricamente constituida. Su verdad nunca es ella misma, sino la realidad social humana sobre la cual no cabe teorizar de forma especulativa, puesto que es preciso describirla como es y no como deseamos o suponemos que sea. La objetividad del marxismo solo es puesta en duda por el capitalismo, pero para servirse de ella y pretendiendo, al mismo tiempo, que el marxismo no note la realidad social que ha parido, para poder seguir usufructuándola.

Por eso el marxismo es una ciencia ontosociopositiva, porque es al ser social realmente existente (y no ese monstruo virtual creado por la deformación tecnológica del capitalismo) que ella es retada a describir, objetivamente, sin prejuicios y de forma absolutamente antiespeculativa. Es igualmente por eso que el marxismo es la ciencia de la potencia democrática científica (como método y no dogma, como perversamente imagina/desvirtúa el capitalismo), porque en su haber todas y cada una de las personas pueden objetivar la realidad en que viven, sin mistificaciones, sin engaños, sin alienación, desde que estén preparadas o formadas para objetivar, en el momento en que viven, las formas objetivas de alienación, mistificación y autoengaño producidas por el capital, con el fin de explotar/someter el trabajo.

2. El estatuto ontológico del marxismo: imperialismo, fase final del capitalismo

El marxismo, como la ciencia de las humanidades, es, en ese sentido, la ciencia del ser social, en su totalidad dinámica. Su estatuto, por lo tanto, es ontológico; jamás epistemológico, porque, para dialogar con un conocido fragmento de Karl Marx en Contribución a la crítica de la economía política (1859): “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (MARX: 58). (1) Y el ser del hombre no es el hombre como tal, sino la sociedad en que mujeres y hombres viven, en su totalidad de relaciones de producción, incluso culturales, que moldea dinámicamente la estructura económica/cultural/subjetiva y, claro, política, de la sociedad.

El marxismo es una ciencia porque su objeto es la realidad social y es esta la que debe ser objetivada, perspectiva que Karl Marx y Friedrich Engels tenían como un axioma científico a partir de La ideología alemana (1846), obra en la cual ya se podía visualizar la siguiente objetividad del ser social del modo de producción capitalista: es mundial.

Esta verdad científica, que es independiente de nuestras conciencias, adquiere la siguiente dimensión al inicio del siglo XX, evidenciada por Vladimir Lenin, en Imperialismo: fase final del capitalismo (1916): el capitalismo se volvió capitalismo imperialista a partir de la amalgama entre el capital industrial y el capital bancario, formando el capital financiero.

Cuatro años antes del citado libro de Lenin, Rosa Luxemburgo puso de manifiesto las razones objetivas de este rápido cambio del modo de producción capitalista a un modo de producción capitalista imperialista. En La acumulación del capital, llegó a la siguiente conclusión, sobre el modo de producción capitalista: el capital históricamente acumulado, como capital constante, no funciona por sus categorías inmanentes; y el capital variable, el trabajo asalariado, es, como tal, explotado.  

Para Rosa Luxemburgo, el proceso de reproducción expandida en el capitalismo, necesita otro vector, además del capital constante y variable, para que sea efectivo: el mercado externo, traducido como saqueo/pillaje de los pueblos. El capitalismo no existe, pues, sin el imperialismo y este es el eterno retorno de los imperios y del precedente sistema colonialista de la expansión mercantilista europea, que se ha impuesto a lo largo/ancho del planeta.

Pero esto, de ningún modo, significa que el imperialismo sea una imitación de los imperios y del sistema colonialista, porque, siendo imperialismo capitalista, universaliza las relaciones mercantiles como forma de dominación; universaliza, pues, el capitalismo, entendido como flujos desnudos de trabajo y de dinero; y desnudos porque todo, en el capitalismo, puede ser trabajo, incluso la esclavitud, incluso el trabajo infantil, incluso golpes y guerra; y dinero desnudo porque este no hace distinción respecto a los tipos de trabajo: es desnudo para comprar trabajo desnudo y es aun más desnudo cuando el trabajo así lo sea.

El imperialismo impone el capitalismo como forma de expansión y dominación de los pueblos y sus riquezas. Esto no significa, en modo alguno, que el imperialismo “democratice” el capitalismo porque su lógica mercantilista de expansión colonial está respaldada por una estricta división del trabajo: la que habla con respecto a la relación entre la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa. La primera habla con respecto a la explotación directa del trabajo humano; la segunda se relaciona con el desarrollo técnico/científico, segmento en el que ocurre realmente el proceso de competencia en el ámbito del capitalismo, razón por la cual el sistema domina la fuerza que se convierte en vanguardia tecnológico/científica.

En este contexto, el imperialismo puede ser definido, como el capital soberano que impone la división del trabajo entre plusvalía absoluta y relativa, controlando esta e imponiendo la segunda como forma de reproducción expandida del capital. Esta es, pues, la razón objetiva de los golpes y de las guerras realizadas por el imperialismo yanqui: condenar 4/5 partes de la humanidad al ámbito de las relaciones mercantiles de la plusvalía absoluta, a la vez que domina la plusvalía relativa, incluso y ante todo bajo el punto de vista del complejo militar industrial y carcelario. Al que se refirió Angela Davis en sept/2010 de visita a Colombia, además de señalar algo obvio: “El racismo en Colombia se parece al de Estados Unidos”. (2)

En este contexto, el gran evento de la historia humana reciente, es la aparición de Rusia y China, con el primer país superando a EEUU en el ámbito de la plusvalía relativa industrial/tecnológica y el segundo rebasando la plusvalía relativa militar yanqui. Subestimar esta ruptura en el Sistema-Mundo actual es ignorar la importancia de la división social del trabajo entre plusvalía absoluta y relativa, protegida por el imperialismo yanqui occidental; y, sobre todo, obviar el infierno que esta división ha significado para los pueblos del mundo.

3. El capitalismo imperialista yanqui y las quijotescas izquierdas occidentales

En todo caso, si el marxismo es la ciencia de las humanidades, lo es porque su desafío es objetivar la realidad social realmente existente, la del imperialismo capitalista, hoy aún bajo el dominio yanqui. No hay cómo realizar cualquier análisis social, sobre cualquier tema, el del racismo o el del machismo, por ejemplo, sin partir de esta verdad objetiva: la estructura mundial de las relaciones sociales es construida en la actualidad por el imperialismo capitalista gringo, mundialmente, teniendo al dólar como el dinero desnudo que compra e impone el trabajo desnudo a los pueblos del mundo: en realidad, el reino de la neoesclavitud.

En el ensayo Sobre los fundamentos del leninismo (1924), Josef Stalin objetivaba esta cuestión sin rodeos, designando el periodo histórico no como capitalista, sino imperialista. Designar con objetividad la realidad social es en absoluto indispensable, si no queremos actuar como Don Quijote, luchando contra molinos de viento y vestidos como caballeros medievales, en un contexto histórico en que la sociedad feudal del Medioevo ya no dominaba, porque el mercantilismo estaba a pleno vapor imponiéndose en Europa y en el mundo. (3)

Es este factor que vuelve a la novela Don Quijote (1605) una narrativa ejemplar, bajo el punto de vista de la sátira, pues es la ficción del anacronismo de un modo de producción precedente persistiendo en el modo de producción emergente, asunto que el Manifiesto Comunista (1848), de Marx y Engels, formuló , de modo científico, de la siguiente manera: las fuerzas productivas emergentes revolucionarias anulan los precedentes en el sentido económico, cultural, subjetivo; además de registrar nuevas formas de alienación, aún no designadas.

Es igualmente por esto que también en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels señalaron que el mejor producto del capitalismo es el trabajo revolucionario. Con ello querían decir que los trabajadores, en el capitalismo, para superar el modelo que los explota, envilece y deshumaniza, están retados a ser tan revolucionarios como las revolucionarias y crecientes formas productivas del capitalismo. De lo contrario, serán trabajadores quijotescos, luchando, si lucharen, contra los molinos de viento de los precedentes modos de producción, mientras las nuevas formas productivas revolucionarias los convierten en objeto de sátira, en parodias de sí mismos. Una vez obtenido esto, el camino a la alienación ha quedado abierto.

Desde el fin de la II GM el imperialismo yanqui se convirtió en el modo de producción ascendente y revolucionario, en relación con el entonces dominante, el europeo. Impuso el dólar como moneda mundial de referencia, dinero desnudo, apto para comprar el trabajo desnudo de la humanidad. Esto, no sin razones objetivas: al final de la década de 1940, EEUU controlaba el 75% de las reservas de oro del mundo. En 1950, “reconstruyó” a Europa con sus multinacionales, y específicamente a Alemania, cerrándole al tiempo más de 1.500 de sus fábricas productoras de hierro, acero y cemento, para obligarla a quedar hipotecada a los gringos que, al filo del tiempo, devinieron “salvadores” y, más tarde, “productores” indirectos del (llamado) Milagro Económico, de Adenauer. Por eso, no en vano, en el filme alemán Im Lauf der Zeit (1974/75) o En el curso del tiempo, de Wim Wenders, uno de los protagonistas dice: “Los americanos [bueno, gringos] colonizaron nuestro subconsciente a punta de chicles y polaroids” y, claro, el subconsciente es no solo el de los alemanes. (4) Y esa supuesta “reconstrucción”, en realidad deuda a futuro, se hizo a través del Plan Marshall, extendido a Japón y a Corea del Sur. Como ya en 1926, con posterioridad a la República de Weimar (1919/26), con el Tratado Dawes, Alemania adquirió otra deuda, impagable, con EEUU, qué curioso, que la llevó a tener cuatro millones de parados, como lo muestra otro filme, Kuhle Wampe (1932) o Vientres helados, de Slatan Dudow, con guion de Brecht. (5)

Esto es, la misma Alemania ex nazi de la que EEUU despotricó durante décadas pero con la que, según Errol Morris en The Fog of the War o La niebla de la guerra, hizo un acuerdo, firmado por el mismísimo Adolf Hitler y, óigase bien, Thomas J. Watson, presidente de la IBM (1936), para dividirse, mediante las tarjetas perforadas de entonces, las ganancias que dejarían los millones de muertos ya convertidos en cifras, primero, y, luego, en jabones, tapetes y demás “útiles caseros” (6); como lo muestra otro documental: Nuit et Brouillard o Noche y niebla (1955), del francés Alain Resnais, cuyo título, justo, hace referencia al decreto nazi Nacht und Nebel, firmado el 7/dic/1941 por el mariscal Wilhelm Keitel y que se remitía a las “Directivas para la persecución de las infracciones cometidas contra el Tercer Reich o las Fuerzas de Ocupación en los Territorios Ocupados”; como si esto fuera poco, el filme repasa con ironía, crudeza y, paradójicamente, con extrema delicadeza y poesía, el exterminio sistemático puesto en acción por el Tercer Reich. En él se muestra, por vez primera, el material que los nazis acumularon sobre el exterminio organizado. Su mayor virtud quizás radique en haber puesto el dedo en la llaga de lo que aún hoy pocos se atreven a tocar: la responsabilidad colectiva, no solo de la sociedad alemana en su conjunto, sino de Europa y, más allá, de la Humanidad, con respecto a los horrores/desafueros del nazismo (1933/45). (7)

Pero, el asunto no para ahí: con el paso del tiempo, el Decreto Nacht und Nebel dará origen al fenómeno de la desaparición forzada en América Latina pues, ya se dijo, buena parte de los mayores (i)responsables del terrorismo de Estado, travestido de antisubversión, se trasladó a Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y, luego, claro, Colombia: la Colombia del otro Innombrable, Julio César Turbay, quien, sin decirlo jamás, fue responsable de las secuelas de la Triple A argentina en el país, bajo el nombre de Alianza Americana Anticomunista, entre 1978 y 80. (8) brazo armado clandestino/oficial que desapareció/torturó a miles de personas, cometió asesinatos selectivos individuales y en serie, puso bombas, siempre bajo el eufemismo Estatuto de Seguridad, creado para diezmar cualquier foco rebelde surgido en la década de 1960. Hubo torturas, desapariciones forzadas y demás violaciones a los DDHH, que llevaron al exilio a numerosos intelectuales, entre ellos a García Márquez. Uno de los aspectos más polémicos del Estatuto fue el de establecer que los acusados por extorsión y alzamiento en armas los juzgaría la justicia penal militar, en consejos de guerra: es decir, así como hoy, por contraste, el capitán del ESMAD, Manuel Cubillos Rodríguez, quien mató al estudiante Dylan Cruz Medina, será juzgado por un tribunal militar y no, como corresponde, por la justicia penal ordinaria, al tratarse no de un “accidente” sino de un alevoso asesinato.

El general Miguel Vega U., comandante de la Brigada de Institutos Militares y futuro Jefe de las FFAA de Colombia, y el Tte. Cor. Harold Bedoya, Comandante del Batallón de Inteligencia y Contrainteligencia Charry Solano, profesor de la Escuela de las Américas (1979) y varios años más tarde Comandante en Jefe del Ejército, eran por entonces los máximos responsables de la inteligencia militar del ejército, por lo que se les acusa de ser los fundadores y responsables al mando de dicha organización clandestina/oficial; en especial Bedoya, ya que sería el autor/ejecutor del plan bajo la orden del entonces Comandante de las FFMM de Colombia, general Jorge Robledo Pulido. Desde los cuarteles en Bogotá del Charry Solano y las poco gratas Cuevas del Sacromonte, al mando directo de Bedoya, la inteligencia militar (ese perfecto oxímoron) le brindaba a tal estructura dinero/información y armamento, según confesión que cinco exagentes de tal inteligencia na(z)ional revelaron al periódico mexicano El Día: pero, claro, sin que se haya investigado la acusación hasta ahora.

Volviendo al caso europeo/asiático y, en particular, a Alemania, Japón y Corea del Sur, hay que decir: pensar que ese financiamiento yanqui fue un acto de caridad es ser, cuando menos, en extremo ingenuo. Él evidencia la subordinación del imperialismo europeo y japonés al gringo y el uso de relaciones mercantiles como forma de dominación, producidas por el imperialismo yanqui. Como el capitalismo no funciona sin el saqueo de los pueblos, de ahí imperialismo, el Tío Sam no se fue por las ramas e impuso a Europa y Asia (Japón, aquí) la siguiente cláusula, para financiarlos: “Abandonen sus colonias en África, Asia, Oceanía, América Latina. Ellas ahora nos pertenecen”. E hizo más: financió, con su dólar desnudo, grupos insurgentes en tales colonias para que se rebelaran contra sus antiguos verdugos.

En este sentido, el campo de estudio conocido como pos-colonialismo es, en sí, un campo de estudio quijotesco. Fue producido para luchar contra las fuerzas productivas descendentes y para ignorar las ascendentes, porque esencialmente tiene como referencia criticar negativamente el anterior sistema de dominación europeo. Y hay más: una de las formas de dominio del imperialismo yanqui es: la producción de campos teóricos sin relación con la realidad histórica concreta, en los cuales la epistemología precede a la ontología; la conciencia especula sin objetivar al ser social realmente existente.

Cualquier campo teórico que no parta del análisis objetivo de la fuerza productiva revolucionaria y ascendente, después de la II GM, para establecer sus parámetros de investigación, es quijotesco. Si fuéramos a analizar los campos teóricos dominantes, al menos en Occidente, en las academias, veremos que la única realidad social que buscaban objetivar, cuando lo hacían, es la del periodo de dominación de la expansión capitalista imperialista europea, ignorando a plenitud la totalidad de las relaciones sociales del imperialismo yanqui.

Este es un problema muy serio, sobre todo porque es el mayor problema de las izquierdas anacrónicas, incapaces de designar al ser social realmente existente. Incapaces, por tanto, de la ciencia, del rigor científico, porque no visualizan objetivamente el modelo inmanente, subjetivo, así como tampoco las nuevas formas de alienación del imperialismo gringo, que es mundial y está omnipresente en las vidas de los pueblos: he ahí un motor para la lucha.

Decir, entonces, que el marxismo es la ciencia de las humanidades, significa, hoy, que todos los campos teóricos, así como las luchas en las calles por las manifestaciones (no solo) de los jóvenes en América Latina y en el mundo, en general, en contra de una abierta pero obtusa remilitarización, debida a la reactivación del fascismo, están en la obligación de objetar las formas de dominación del imperialismo estadounidense; y esto también vale para el arte: el arte no está libre para especular, si quiere estar comprometido con la vida, con la Humanidad. Porque el arte comprometido con la vida, con la Humanidad y con la vida de la Humanidad, es al tiempo un arte que rechaza la muerte, el oprobio y lo que entrañe deshumanizar la vida. (9)

Referencias:

CERVANTES, Miguel de. Dom Quixote. Trad.: Almir de Andrade e Milton Amado. São Paulo: Publifolha, 1998.

ENGELS, Friedrich, MARX, Karl. A ideologia alemã. Trad.: Rubens Enderle. São Paulo: Boitempo, 2007.

_________, Manifiesto Comunista. Trad.: Álvaro Pina e Ivana Jinkings. São Paulo: Boitempo, 2010.

LENIN, Vladimir Ilytch. Imperialismo, etapa superior do capitalismo. São Paulo: Global, 1979.

LUXEMBURGO, Rosa. A acumulação do capital: estudo sobre a interpretação económica do imperialismo. Trad.: Moniz Bandeira. Rio de Janeiro: Zahar Editores, 1970.

MARX, Karl. Contribuição à crítica da economía política. Trad.: Florestan Fernandes. São Paulo: Expressão Popular, 2008.

Notas:

(1) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/1859contri.htm

(2) https://renacientes.net/blog/2010/09/26/qel-racismo-en-colombia-se-parece-al-de-eeuuq-angela-davis/

(3) http://archivo.juventudes.org/textos/Iosiv%20Stalin/Los%20fundamentos%20del%20Leninismo.pdf

(4) https://www.filmaffinity.com/es/film535802.html

(5) https://ipena44.files.wordpress.com/2016/01/granell.pdf?fbclid=IwAR2BXd5G2EWbCaGgD14BkdG18GpwtxTuATO88XTWEpZwr3V4mv2Ua1q7yQI

(6) https://www.bbc.com/mundo/cultura_sociedad/2009/07/090706_mcnamara_obituario_ra

(7) https://vimeo.com/123483626

(8) https://es.qwe.wiki/wiki/Alianza_Americana_Anticomunista?ddexp4attempt=1

(9) https://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/arte-funcion-social-192190
__________

16 enero 2020
Rebelión

El marxismo (afortunadamente) no es una ciencia
Por Rosa Guevara Landa

Luis Carlos Muñoz Sarmiento y Luis Eustáquio Soares han publicado en rebelión, en dos entregas (sábado, 11, y lunes, 13 de enero), un trabajo titulado: “El marxismo es una ciencia“ [1]. Pretendo en esta nota hacer algunas observaciones (diez en total) sobre su afirmación, la que da título a su escrito. No entro en otras consideraciones y reflexiones complementarias de los autores, algunas de las cuales, no todas, comparto.

Arrojamos por la borda una herramienta fundamental, señalan Muñoz Sarmiento y Eustáquio Soares, cuando rechazamos el marxismo, y más cuando no aceptamos que el marxismo es “la ciencia de las humanidades”. Y por qué, se preguntan, no aceptamos que el marxismo sea la ciencia de las humanidades. Por diversas razones. La principal de ellas: “el revisionismo teórico y con él las calumnias y descalificaciones realizadas contra el marxismo e intensificadas después de la II GM, en el contexto de la guerra fría yanqui contra el socialismo”.

De las descalificaciones injustificadas e interesadas vertidas contra el marxismo después de la II Guerra Mundial (también antes), en el contexto de la muy caliente guerra fría del siglo XX, no hay atisbo para ninguna duda. Sí sobre lo demás.

1. No basta con afirmar que el marxismo sea una ciencia para que lo sea. Los autores, si así lo piensan, deberían argumentar su posición. No lo hacen, en mi opinión, o no lo hacen con cuidado. Este paso, por ejemplo, no es propiamente un argumento, en una afirmación (con pasos desorientadores indicados en cursiva en el texto):

Esa ciencia de las humanidades existe. Es el marxismo y como cualquier ciencia que se respete, es desafiada a ser objetiva, universalmente válida. Su objetivo es la sociedad en que vivimos, históricamente constituida. Su verdad nunca es ella misma, sino la realidad social humana sobre la cual no cabe teorizar de forma especulativa, puesto que es preciso describirla como es y no como deseamos o suponemos que sea. La objetividad del marxismo solo es puesta en duda por el capitalismo, pero para servirse de ella y pretendiendo, al mismo tiempo, que el marxismo no note la realidad social que ha parido, para poder seguir usufructuándola.

Como es evidente, la objetividad (veracidad, corrección) del marxismo no es sólo puesta en duda por el capitalismo (¿qué significa de hecho esa afirmación?) sino por muchos pensadores y ciudadanos (en absoluto antimarxistas o anticomunistas, nada que ver con los apologetas fanatizados del capitalismo) que son escépticos de esa supuesta objetividad. Por lo demás, parecería lógico acotar o limitar la afirmación de que el objetivo del marxismo sea (¡nada menos!) la sociedad en que vivimos, la históricamente constituida. ¿Puede una disciplina científica abarcar, como señalan los autores, un objeto de investigación de esas características? Puede haber dudas gnoseológicas razonables sobre ello.

2. Señalan también Muñoz Sarmiento y Eustáquio Soares que cualquier campo teórico que no parta del análisis objetivo de la fuerza productiva revolucionaria y ascendente, después de la II GM, para establecer sus parámetros de investigación, es quijotesco. Añaden que “si fuéramos a analizar los campos teóricos dominantes, al menos en Occidente, en las academias, veremos que la única realidad social que buscaban objetivar, cuando lo hacían, es la del periodo de dominación de la expansión capitalista imperialista europea, ignorando a plenitud la totalidad de las relaciones sociales del imperialismo yanqui”.

No trado de hacer una apología cegada de la Academia y de sus miembros, pero es evidente que son muchos los autores de la denostada Academia (citarlos aquí es tarea imposible) que no han ignorado (muy lejos de ello) la totalidad de esas relaciones sociales del Imperio. ¿Harvey, Davis, Fernández Buey, Domènech, entre mil nombres posibles, ha ignorado esas relaciones sociales imperiales?

3. El marxismo, la tradición marxista, no es una ciencia (ni pretende serlo) sino una tradición de política revolucionaria socialista que en su lucha por sus finalidades, incorpora todo el conocimiento científico que está a su alcance (y no sólo en de las ciencias sociales), aportado o no por autores de la propia tradición. La conocida undécima tesis sobre Feuerbach del Marx joven puede venir en nuestra ayuda como formulación (básica e inicial) del programa marxiano.

4. Si pensamos en los grandes clásicos de la tradición, Marx y Engels, es evidente que una gran parte de su obra no es ciencia. No lo es el Manifiesto Comunista, no lo son los Manuscritos económico-filosóficos de París, no lo es la Crítica al programa de Gotha y no es ciencia todo El Capital. En el caso de Engels, no es ciencia, por ejemplo, el Anti-Dühring y no es ciencia La situación de la clase obrera en Inglaterra. Basta haber ojeado los Elementos de Euclides, los Principia de Newton, Sobre la teoría de la relatividad especial y general de Einstein, o cualquier libro de buena divulgación científica sobre epigenética, cosmología, historia, sociología o economía para observar la diferencia.

Que los ensayos citados no sean ciencia no significa que sean ideología, en el sentido de falsa conciencia, o que carezcan de interés o de valor epistémico. Lo contrario es lo verdadero.

5. La crítica al revisionismo teórico es también otro elemento, mal elemento en mi opinión, de algunas tendencias de la tradición (los propios autores, Muñoz Sarmiento y Eustáquio Soares, están aquí incluidos). Cualquier teoría que se precie, sea o no científica, debe tener a gala revisar todo aquello que deba ser revisable (que son todas sus hipótesis, conjeturas, axiomas, postulados y conceptos). “De omnibus dubitandum” (sin excluir lo propio) era aforismo preferido por Marx.

Una teoría puede mantener principios y finalidades (que, por supuesto, también conviene discutir y actualizar y, en algunos casos, abandonar: por ejemplo, la aspiración a un comunismo de la abundancia), pero sería puro dogmatismo, absurdo y contrario al espíritu de la tradición, mantener erre que erre, y en toda circunstancia, conjeturas, hipótesis y leyes sea cual sea la situación del mundo, las los nuevos conocimientos o la potencial deficiencia o inconsistencia de los planteamientos iniciales. Nada de eso encaja con el verdadero espíritu científico, nada de eso es consistente con el ejemplo de los grandes clásicos de la tradición. No se es más roja (o rojo) por transitar por el sostenella y no enmendalla. Se ha confundido, en muchas ocasiones, revisionismo teórico con reformismo político o claudicación. Y no es uno ni lo mismo.

6. Por qué, preguntan los autores, en el campo de las humanidades, “una ciencia ontopositiva, sin ser positivista, que objetive la totalidad dinámica del ser social, de forma impersonal y verdadera, suena como improbable, absurda, autoritaria e incluso ridícula”. Solo hay una respuesta, en su opinión, para esta cuestión: “por motivos ideológicos y por procesos de alienación que pueden y deben ser descritos de forma científica, objetivamente, pues, independientemente de lo que pensamos, la realidad histórica humana existe y puede/debe ser descrita científicamente, como una verdad universalmente válida en sí misma.” Desconozco el significado exacto de la expresión “una verdad universalmente válida en sí misma” (que suena a axioma o postulado o algo así) y esta por ver que ese objeto que señalan -la realidad histórica humana- puede ser descrita y explicada por una sola disciplina científica, pero en cualquier hay otras respuestas posibles que conviene no perder de vista. Por ejemplo, la prudencia epistémica, el recuerdo de magníficos aforismos del saber popular como aquel que nos avisa de que “el que mucho abarca, poco aprieta.”

7. Una de las categorías científicas del marxismo, señalan también los autores, es “el materialismo histórico/dialéctico, cuya premisa reza, en modo laico, jejeje: es preciso, siempre, contextualizar la lucha de clases”. Es en este sentido, añaden, “que el marxismo no es una doctrina o un dogma fijo, en el tiempo ni en el espacio, y tampoco una teoría europea. Es por eso que los marxistas africanos produjeron ciencia marxista contextualizada dentro de la realidad africana; y así el marxismo latinoamericano y asiático”. Más allá de la divergencia sobre el estatus del marxismo, es evidente que cualquier ciudadano o grupo social, independientemente de su origen geográfico, puede hacer aportaciones a la tradición. Sería un puro desvarío pensar lo contrario. Y es también evidente que el materialismo histórico/dialéctico (según su propia expresión) no son categorías científicas del marxismo. Son otra cosa: partes o componentes de la totalidad. La lucha de clases, las fuerzas productivo-destructivas, las relaciones sociales de producción, fuerza de trabajo, capital constante, capital variable,… esas sí son (interesantes) categorías teóricas del marxismo.

8. Hay en el artículo dos referencias a Stalin. Ninguna de ellas en sentido crítico. Sin afirmar que los autores mantengan determinadas posiciones en este ámbito de alta tensión poliética, convendría evitar toda nostalgia del estalinismo y cualquier abandono de la crítica (tarea que no debería interrumpirse) de ese período histórico, cuyos aspectos autoritarios y criminales son, a día de hoy, más que evidentes.

9. He escrito afortunadamente y debería justificar el adverbio: si el marxismo fuera estrictamente una ciencia, no podría ir acompañado de valores y finalidades (más allá de las estrictamente epsitémicas). Pero es evidente que el marxismo hace y debe hacer valoraciones sobre nuestra injusta e inadmisible realidad social y debe seguir aspirando a una sociedad de los (y las!) iguales, asunto en el que el feminismo juega y debe jugar crecimiento- un papel fundamental. Luego, por tanto, no puede ser estrictamente una ciencia.

10. Un profesor de Metodolodía de las ciencias sociales, uno de los pensadores españoles que más ayudó al giro ecomunista de la tradición, Manuel Sacristán (1925-1985), comentando al final de sus días un texto de Lucio Coletti (entonces un “marxista en transición” hacia el berlusconismo), anotó en sus materiales de trabajo un aforismo-reflexión que merece ser recordado porque da pistas en apenas dos líneas sobre cómo entender correctamente la tradición en que muchas ciudadanas y pensadoras (también con os) nos seguimos reconociendo: “ No se debe ser marxista (Marx); lo único que tiene interés es decidir si se mueve uno, o no, dentro de una tradición que intenta avanzar, por la cresta, entre el valle del deseo y el de la realidad, en busca de un mar en el que ambos confluyan.”

Esa decisión es moral, política, no científica… aunque la ciencia pueda echarnos una mano para avanzar en esa confluencia cernudiana que tantas (y tantos) deseamos.. 

Notas

1) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=264377 ; http://www.rebelion.org/noticia.php?id=264378 

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